Alejandro Azaretzky
Presidente de DAIA filial Tucumán
Hay conflictos que se disputan con armas en el territorio, pero también existe otro frente, menos visible y muchas veces más influyente, que se libra en el terreno de la percepción. A la par de los hechos se construyen interpretaciones que no buscan comprender la complejidad, sino simplificarla, sesgarla o incluso contradecirla.
Cuando la información deja de buscar comprensión y se orienta a generar crispación, se convierte en un vehículo para el antisemitismo, una de las formas de odio más antiguas y persistentes. En ese marco, asistimos a una peligrosa banalización del término genocidio, utilizado como eslogan sin atender a su verdadero significado.
Se instala así una lógica reiterada: el Estado de Israel es atacado o amenazado en su existencia, pero termina siendo presentado como el agresor. No es un fenómeno casual, sino el resultado de un proceso de construcción del relato, donde lo que se omite pesa tanto como lo que se dice, y la repetición termina consolidando percepciones como verdades.
Ningún país aceptaría una amenaza existencial sin ejercer su derecho a defenderse. La historia ofrece una advertencia clara: el Holocausto no comenzó con el exterminio, sino mucho antes, con la deslegitimación progresiva y la deshumanización. Cuando la comunidad judía no pudo defenderse, el mundo no llegó a tiempo.
Por eso, sostener el derecho de Israel a existir y a proteger a su población no es solo una posición geopolítica, sino una necesidad ética frente a discursos que niegan al otro.
Estas narrativas no quedan limitadas al conflicto en Medio Oriente. Se expanden a sociedades lejanas, donde el relato reemplaza a los hechos y afecta la convivencia, proyectándose sobre la comunidad judía.
Por qué el 27 de enero es el Día Internacional en memoria de las víctimas del HolocaustoEl antisionismo, en muchos casos, funciona como una forma contemporánea de antisemitismo, al poner en cuestión la legitimidad misma de un Estado cuya existencia es discutida con una naturalidad que no se observa en ningún otro caso, aun cuando su vínculo histórico, religioso y cultural con la tierra que habita es de los más antiguos y documentados de la historia de la humanidad.
Víctimas del Holocausto
En este contexto, resulta especialmente significativa la conmemoración del Yom HaShoá, que recuerda a los seis millones de víctimas del Holocausto y reafirma la importancia de sostener la memoria frente a la distorsión y la banalización.
Frente a estas distorsiones, el silencio no es una opción. Hace falta claridad y responsabilidad para sostener la verdad, incluso cuando incomoda. Porque cuando la verdad se relativiza, cualquier relato puede ocupar su lugar, y la historia ya mostró las consecuencias.